Ampliaciones

Disparador de escritura, post lectura del texto homónimo de Walter Benjamin del libro "Calle de sentido único"

Daniela Cademartori

12/16/20252 min read

Mujer leyendo: Una biblioteca de mujeres. Las que no son canon, las que quisieron silenciar, las que se pusieron de moda. Las poetas, revolucionarias, las valientes. Una mujer que lee y escribe es de temer. ¿Es de temer? Son las que inventan historias, las que reescriben acontecimientos, las que se hermanan en otros mundos posibles. Como dijo Rosa, socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres. Aunque no quieran, aunque nos maten, aunque nos nombren feminazis, aunque no entiendan que lo que queremos es que las condiciones sean las mismas, justas y equitativas.

Mujer llegando tarde: Posa la mano sobre el picaporte, y las miradas se posan en ella. Juzgando. Unos minutos tarde, porque el colectivo se demoró, porque el hijo no se levantaba, porque tendió la ropa, porque preparó el desayuno y dejó la comida lista para el mediodía, porque ayudó a vestirse al nene entre llantos. Juzgar es más fácil que preguntar, que conocer la realidad del otro, que consultar y hablar sin saber.

Mujer golosa: Como una amante en la noche, se estremece. Disfruta, se siente libre de gozar. Saborea y siente el cuerpo de otros, como un caramelo de frutilla en la boca. Después de años de sexualidad encorsetada, hoy se deja ser en el placer. Prueba, con unas, con otros, con varios. No se compromete, quiere variedades. Quiere ser feliz, quiero que la mueva el deseo.

Mujer en Tiovivo - Calesita: La rueda con animales sumisos gira pegada al piso. En la primera vuelta, el pelo como si fuera en moto, aunque había escogido el caballito de mar. Ríe, intenta agarrar la sortija. No la alcanza. El eterno retorno de todas las cosas en ese momento, es del juego y la diversión.

Mujer desordenada: Cada piedra que encuentra, cada flor arrancada y cada mariposa ya es para ella el principio de una colección. Junta arena y mar en botellitas. Cartas y papeles de chocolates. Pierde horas imaginando universos distintos. Recoge de las calles pequeños tesoros: anotadores, algún anillo o pulsera, revistas viejas hasta un Borges se encontré tirado, sabiendo que si esa persona lo perdió, su ausencia debe ser lágrimas; si lo tiró no sabe el diamante que dejó ir. Guarda lo material en un cajón de tesoros escondidos, anárquicos, que de vez en vez vuelve a revisar. Y que a diario suma nuevos objetos a la colección.

Mujer escondida: Ya conoce todos los escondites de la vivienda que le dan seguridad. Los sigue habitando aunque no quiera. Aunque por cuestiones físicas, abajo de la cama ya no se cobija, también dejó de encerrarse en el baño, ni en el placard del pasillo, tampoco entre las cortinas oscuras del living, ni detrás de los sillones de pana cremita. Ya no necesita de esos refugios de salvación. Rescatada por ella misma y sus decisiones.